Los adultos asociamos aprender idiomas a algo pesado, que implica clavar los codos en la mesa y estudiar largas listas de vocabulario e incomprensibles reglas de gramática. Lo que muchos se olvidan de recordar es que su lengua materna no la aprendieron estudiando (más allá de la asignatura de lengua impartida en los colegios, que tenía como objetivo perfeccionar el idioma, no enseñarlo de cero) sino practicando y jugando.

Las nuevas tendencias pedagógicas destacan la importancia de “jugar” con un idioma para fijar mejor sus estructuras. Jugar a desempeñar un rol ayuda al alumno a situarse en un contexto en el que pueda poner en práctica lo aprendido durante las horas de clase. Descifrar la letra de las canciones o practicar sencillos ejercicios mientras se juega a adivinar películas o a las palabras encadenadas puede mejorar la agilidad mental de un alumno a la hora de escoger la palabra que mejor se ajuste a lo que quiere expresar.

Las listas de vocabulario son insustituibles, así como las clases de gramática. No obstante, si se quiere que lo aprendido permanezca en la memoria, la manera más sencilla es practicando.