En España hemos observado un fenómeno muy curioso en las clases de idiomas, y es que cuando llega la hora de hablar, de poner en práctica lo aprendido, muchos alumnos se avergüenzan y pronuncian mal las palabras. Es cierto que otros idiomas tienen sonidos distintos al castellano, incluso aquellos con muchas similaridades como pueden ser el catalán o el gallego, pero la verdad es que una mala pronunciación estropea la percepción de que se habla bien una lengua.

Cuando aprendemos un idioma, es fundamental que el profesor nos marque bien los distintos fonemas que vamos a utilizar para pronunciar las palabras, pero el mayor trabajo recae en el lado del alumno que tiene que esforzarse para imitarle. Esto es sobre todo un problema de oído (que le parezca que suena igual) pero también un problema de laxitud por parte del hablante que piensa que se le entiende cuando no siempre es así.

Nuestro consejo, aparte de atender en las clases, es que escuchen música en el idioma que quieren aprender y a ser posible que vean películas en versión original, mientras tratan de repetir las palabras.


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