Un estudio de Estados Unidos ha demostrado finalmente lo que todos sospechábamos: que los idiomas evolucionan tal y como lo hacen los seres vivos para adaptarse al ambiente. Señalan que hay una relación muy estrecha entre la cantidad de personas que hablan una lengua y su complejidad, siendo las más sencillas las más extendidas.

Las lenguas más extendidas suelen utilizar pronombres y sistemas numéricos más simples y menos casos y géneros. Además no suelen tener prefijos o sufijos, por lo que el aprendizaje del idioma es más sencillo.

El informe realizado por la Universidad de Memphis y la de Pensilvania, consistió en analizar dos mil lenguas en todo el mundo para comprobar si los entornos tenían relación con las características propias de cada lenguaje.