El alemán es uno de los idiomas más extendidos en la actualidad, y es también el que tiene más hablantes nativos en la Unión Europea, cerca de 100 millones de personas, lo que es un 13% de todos los europeos. Esta lengua se habla principalmente en Alemania, Austria, Liechtenstein, en dos tercios de Suiza, en dos tercios de la provincia del Tirol del Sur (en Italia), en dos pequeños cantones del este de Bélgica y en algunos pueblos fronterizos del condado de Jutlandia meridional (Nordschleswig) en Dinamarca.

Se le considera el tercer idioma más enseñado como lengua extranjera en todo el mundo,[cita requerida] el segundo en Europa y el tercero en Estados Unidos después del español y el francés. Con más de 150 millones de personas hablantes de alemán en 38 países del mundo, apenas sorprende que el uso del idioma varíe. Como el inglés, y el español, el alemán es un idioma pluricéntrico con tres centros principales: Alemania, Austria y Suiza.

Aunque utilizamos el término “alemán” para referirnos al idioma escrito, en el terreno hablado existe una amplia variedad de dialectos a lo largo y ancho del territorio germanohablante. El alemán estándar, conocido como Hochdeutsch, no se originó a partir de un dialecto concreto, sino que se creó a partir de los diversos dialectos (sobre todo los centrales y sureños) como lengua escrita. Ya desde el siglo XV, ésta permitía la comunicación entre los mismos, pero a la hora de hablar no existía un patrón unificado. La creación de una pronunciación estándar se hizo necesaria por el aumento en importancia del teatro en el siglo XIX que llevó a los responsables de las compañías a encontrar una forma de recitar única que fuera entendida en todo el territorio. Así se creó el “Bühnendeutsch” o “alemán de escenario”, que al final se convirtió en la pronunciación ideal del idioma alemán, aunque alguno de sus preceptos como que “-ig” = /ç/; no obedecen a razones lingüísticas sino acústicas.

Vía Wikipedia