Ayer hablábamos de los diferentes tipos de alumnos que podemos encontrarnos en los cursos de formación para empresas. Vimos que difieren unos de otros según las necesidades que tengan a la hora de aprender el idioma.

Por este motivo, el profesor ha tener la capacidad de adaptarse y ser flexible. La mejor forma de adaptarse a un alumno es dedicar el primer día de clase a conocerle: ver cuáles son sus intereses, saber por qué aprende el idioma, identificar sus necesidades específicas en el idioma de aprendizaje, también las más urgente, hablar de sus objetivos y de la disposición o dedicación que tiene con respecto al curso.

De esta forma podemos aprovechar para fijar objetivos con él, a la vez que evaluamos su nivel (en caso de que parta de una cierta base de conocimientos del idioma).

Después lo ideal es que el profesor, con esa información, elabore un plan de estudios que recorra las necesidades específicas de las que han hablado.

Hay que evitar caer en la rutina de enseñar siempre lo mismo para el mismo nivel. Así conseguiremos el éxito de nuestros cursos de idiomas para empresas y tendremos alumnos satisfechos.