Muchas veces en los cursos de idiomas en empresas y también en otro tipo de clases de idiomas, el tipo de aprendizaje por sus características y la metodología, llevan al profesor a crecer en diferentes ámbitos.

El buen profesor de idiomas se encuentra con que ha de desarrollarse en muchas direcciones para abarcar todos los campos y rincones de una lengua.  Lo ideal sería saber un poco de todo, y así de paso podríamos satisfacer a todos los alumnos, pero es complicado.

Cuando aprendemos idiomas, aprendemos a hablar, desde el principio, desde lo más básico, y el aprendizaje va creciendo según aprendemos vocabulario, nuevas estructuras, practicamos situaciones reales, lo que hace que recorramos muchos aspectos de la vida real; si se llega hasta el final, se habrán recorrido todos.

Esto lleva a que el alumno y el profesor tengan una relación más que profesional, se habla de muchos aspectos de la vida, se dan opiniones, se va conociendo a los alumnos.

Si se pasa mucho tiempo con el mismo grupo o el mismo alumno, al final acaba surgiendo cierta amistad. Los alumnos terminan agradecidos y se nota el aprecio y el respeto que surge en ambas direcciones.

Esta relación especial ayuda mucho al aprendizaje y es muy positivo que los profesores consigamos tenerla. ¿Cómo?

Ahí van algunos consejos desde la experiencia de lo vivido en clase:

– Hemos de tener en cuenta que nuestros alumnos son personas, iguales que nosotros, tengan la edad que tengan, y ellos tienen que darse cuenta de que somos conscientes.

– Hay que respetar al alumno igual que nos respeta él, no hay que olvidar, entre otras cosas, que gracias a él, existe nuestro trabajo.

– Es muy positivo ponerse en su lugar y ser comprensivo, que vea que no se acaba el mundo si un día no ha podido hacer los deberes, a todos nos puede surgir una urgencia.

– Preguntadle cómo está; es agradable que se preocupen por uno mismo, luego ellos tienen la elección de contar más o menos, pero lo importante es que el profesor se preocupa por él.

– Dejadle sus tiempos: cada alumno tiene sus tiempos, y cuando fallan, lo ideal no es decirle “te has equivocado, esto es así”, haz muecas o sonidos cada vez que haga un error, así sabrá que lo ha cometido y reflexionará para poder corregirlo por sí mismo.

Escuchad con atención sus opiniones e historias, tienen mucho que ver con su personalidad; te ayudarán a conocerlo mejor y a acercarte a él, ya que podrás elegir materiales que sabes que le gustarán más que otros.

No le echéis la bronca si se equivoca, esto sólo ayudará a que se ponga nervioso y se quede bloqueado, será mejor hacer que se ría de su error.

– Fijaos en los errores que más se repiten, suelen ser costumbres que han cogido durante el aprendizaje y son difíciles de cambiar, contadle al final de cada clase que siempre utiliza mal la misma expresión, y empezará a darse cuenta y finalmente corregirlo.

Participad activamente en las actividades que propongáis: si él tiene que dar su opinión; el profe también, si le hacéis preguntas, dejad que os pregunte él a vosotros también; si hacéis un juego, participad de alguna forma, pero sin protagonismos.

– Tened paciencia, no fallan intencionadamente.

Sonreíd.

Parecen simplezas, pero son detalles que los alumnos aprecian y que ayudan a crear un vínculo entre el profesor y el alumno que es muy positivo para el aprendizaje.