Datos curiosos


Es cierto que la mayoría de los países reciben el Año Nuevo con fuegos artificiales normalmente, pero algunos de ellos, como España con las “uvas de la suerte”, tienen tradiciones o costumbres de lo más curiosas.

Hoy os vamos a hablar de una original costumbre alemana, que lamentablemente ya no está muy extendida pues se ha ido perdiendo con los años.

Dicha tradición se llama “Bleigiessen“, que en castellano sería algo así como “fundir plomo” y consiste en lo siguiente:

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De una en una, se irán fundiendo varias piezas de plomo en una cuchara sobre una vela, y cuando están fundidas, son arrojadas en agua fría, donde tomarán una forma sólida que después será interpretada como señal del futuro que nos espera en el año que se acerca. Tanto el aspecto de las piezas de plomo como las sombras que proyecten, serán las claves para intuir nuestro futuro.

Las formas positivas son presagio de algo bueno; por el contrario, las formas negativas advierte de malos acontecimientos.

Existen listas para aprender a interpretar las diferentes formas del plomo, por ejemplo: un corazón es señal de enamoramiento, las flores representan una nueva a mistad…

Sin embargo, el Bleigissen es perjudicial para la salud ya que el plomo es bastante tóxico y en algunas ocasiones se cambia el plomo por estaño, o por una mezcla de los dos, o simplemente se hace con cera.  si os animáis, existen listas en internet que se pueden consultar.

 

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Muchas veces en los cursos de idiomas en empresas y también en otro tipo de clases de idiomas, el tipo de aprendizaje por sus características y la metodología, llevan al profesor a crecer en diferentes ámbitos.

El buen profesor de idiomas se encuentra con que ha de desarrollarse en muchas direcciones para abarcar todos los campos y rincones de una lengua.  Lo ideal sería saber un poco de todo, y así de paso podríamos satisfacer a todos los alumnos, pero es complicado.

Cuando aprendemos idiomas, aprendemos a hablar, desde el principio, desde lo más básico, y el aprendizaje va creciendo según aprendemos vocabulario, nuevas estructuras, practicamos situaciones reales, lo que hace que recorramos muchos aspectos de la vida real; si se llega hasta el final, se habrán recorrido todos.

Esto lleva a que el alumno y el profesor tengan una relación más que profesional, se habla de muchos aspectos de la vida, se dan opiniones, se va conociendo a los alumnos.

Si se pasa mucho tiempo con el mismo grupo o el mismo alumno, al final acaba surgiendo cierta amistad. Los alumnos terminan agradecidos y se nota el aprecio y el respeto que surge en ambas direcciones.

Esta relación especial ayuda mucho al aprendizaje y es muy positivo que los profesores consigamos tenerla. ¿Cómo?

Ahí van algunos consejos desde la experiencia de lo vivido en clase:

– Hemos de tener en cuenta que nuestros alumnos son personas, iguales que nosotros, tengan la edad que tengan, y ellos tienen que darse cuenta de que somos conscientes.

– Hay que respetar al alumno igual que nos respeta él, no hay que olvidar, entre otras cosas, que gracias a él, existe nuestro trabajo.

– Es muy positivo ponerse en su lugar y ser comprensivo, que vea que no se acaba el mundo si un día no ha podido hacer los deberes, a todos nos puede surgir una urgencia.

– Preguntadle cómo está; es agradable que se preocupen por uno mismo, luego ellos tienen la elección de contar más o menos, pero lo importante es que el profesor se preocupa por él.

– Dejadle sus tiempos: cada alumno tiene sus tiempos, y cuando fallan, lo ideal no es decirle “te has equivocado, esto es así”, haz muecas o sonidos cada vez que haga un error, así sabrá que lo ha cometido y reflexionará para poder corregirlo por sí mismo.

Escuchad con atención sus opiniones e historias, tienen mucho que ver con su personalidad; te ayudarán a conocerlo mejor y a acercarte a él, ya que podrás elegir materiales que sabes que le gustarán más que otros.

No le echéis la bronca si se equivoca, esto sólo ayudará a que se ponga nervioso y se quede bloqueado, será mejor hacer que se ría de su error.

– Fijaos en los errores que más se repiten, suelen ser costumbres que han cogido durante el aprendizaje y son difíciles de cambiar, contadle al final de cada clase que siempre utiliza mal la misma expresión, y empezará a darse cuenta y finalmente corregirlo.

Participad activamente en las actividades que propongáis: si él tiene que dar su opinión; el profe también, si le hacéis preguntas, dejad que os pregunte él a vosotros también; si hacéis un juego, participad de alguna forma, pero sin protagonismos.

– Tened paciencia, no fallan intencionadamente.

Sonreíd.

Parecen simplezas, pero son detalles que los alumnos aprecian y que ayudan a crear un vínculo entre el profesor y el alumno que es muy positivo para el aprendizaje.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el blog Foreign Exchange Translation han publicado un mapa en el que se puede ver la distribución de los idiomas en el mundo. En él podemos apreciar en el mismo tono lenguas con raíces comunes, como por ejemplo en malva todas las lenguas latinas.

Este mapa nos puede servir para hacernos una idea de la expansión de los distintos idiomas por las áreas geográficas y nos ayudará también a elegir qué lengua estudiar en función de las que más se asemejen por su raíz. Así pues a una persona que haya aprendido una lengua germánica le resultará más fácil aprender otras.

Muchos de nuestros alumnos de inglés nos preguntan si deberían atreverse con la obra de Shakespeare para mejorar su inglés. Si bien es cierto que el bardo de Stratford-upon-Avon puso las bases del inglés que conocemos hoy en día, tal vez tenga un lenguaje un poco rebuscado y arcaico.

Para los que estéis interesados en produndizar más en la obra de Shakespeare, os aconsejamos daros una vuelta por la web Understanding Shakespeare, en la que agrupan de una manera visual las palabras más repetidas por los personajes de sus obras de teatro. Esta es una manera diferente de acercarse al inglés y probablemente hasta aprendáis alguna palabra nueva del inglés. ¿No os parece?

Con el Mundial en marcha, poco espacio queda para aprender idiomas, más allá de insultar a los árbitros (o a sus rivales) en su lengua materna. Hoy os proponemos descubrir cinco curiosidades sobre el país anfitrión de los mejores futbolistas del mundo:

1. Sudáfrica tiene 11 idiomas oficiales. Esto ya lo vimos la semana pasada, así que no nos vamos a extender en ello. En principio, aprendiendo inglés debería ser suficiente pero nunca está de más saber algún idioma auxiliar por si acaso.

2. El símbolo del fútbol sudafricano no es en realidad sudafricano. Las vuvuzelas que están amargando la vida tanto dentro como fuera del campo son en realidad una evolución de las turutas inventadas en EEUU.

3. Sudáfrica es la cuna de la humanidad, ya que es donde se ha encontrado la mayor concentración de fósiles de homínidos más antiguos, nada menos que de hace 3,5 millones de años. De este modo, la UNESCO ha declarado la zona “Cuna de la Humanidad”.

4. Sudáfrica es el país donde se aprobó por primera vez la sangre humana artificial.

5. La Constitución de la República de Sudáfrica permite la monarquía en ciertas tribus.

En el Washington Post han publicado algunos datos curiosos sobre el inglés (los famosos fun facts) con los que podemos no solo aprender algo del idioma de Shakespeare sino entretenernos. El primero de ellos es un detalle que los hispanohablantes sufrimos cada día y es que el inglés no se escribe como se pronuncia. Así tenemos en las palabras “mate,” “eight” y “strait que se pronuncian de manera similar aunque tienen distintos grupos vocálicos.

* En inglés hay bastantes ejemplos de monosílabos con nueve letras, como stretched, scratched o screeched.

* El inglés es un idioma difícil para los poetas. ¿A que no encontráis ninguna palabra que rime con “orange” o con “silver”?

¿Se os ocurren más?

Cuando estamos aprendiendo un idioma nuevo, la memorización de sonidos es uno de nuestros caballos de batalla. Recientemente se ha presentado un estudio de varias universidades francesas en el que han llegado a la conclusión de que la repetición de un sonido nos permite recordar más rapidamente este, de una manera eficaz y duradera.

El mismo mecanismo se usa para recordar ciertos sonidos, o sea que tiene que ver con la memoria auditiva. Los investigadores descubrieron que nuestro oído detecta muy bien las repeticiones auditivas incluso si no habían oído antes el sonido que les ponían los científicos.

Los investigadores demostraron una memoria auditiva duradera que se da tanto en humanos como en animales. Este proceso es fundamental a la hora de aprender nuevas lenguas, recordar canciones o reconocer sonidos.

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