Cuando una persona comienza a aprender un idioma, empieza con las nociones más básicas y desde ahí va construyendo estructuras más complejas hasta que por fin lo domina. Al principio, existe una especie de “moratoria” que hace que los nuevos alumnos se sientan demasiado inseguros como para usar la nueva lengua.

El problema de los que aprenden un nuevo idioma es que se sienten demasiado inseguros como para poner en práctica lo que han aprendido. Nosotros creemos que la mejor manera de fijar las lecciones es poniendo en práctica la gramática y el vocabulario lo antes posible, ya que aunque se cometan errores, una buena parte del camino se recorre precisamente practicando y equivocándose.

Cuanto menos tiempo se pase entre que se comienza a aprender un idioma y que se practica, será mejor para los alumnos.

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Aunque las compañías low cost han popularizado los vuelos baratos para ir al extranjero, no siempre se tiene el tiempo o el dinero para ir a aprender un idioma en su país de origen. En los últimos tiempos se han popularizado los “crash courses” impartidos en casas rurales o en pueblos perdidos dentro de España donde se puede vivir una auténtica inmersión en una cultura por un precio mucho más ajustado (y sin problemas de cancelación de vuelos).

Otra de las ventajas de estos cursos es la gran velocidad para adquirir competencia en un idioma, ya que el alumno no puede sustraerse a la lengua extranjera. Eso sí, requiere un esfuerzo a la vuelta a la vida diaria para no perder los conocimientos adquiridos durante el tiempo pasado en la inmersión lingüística.

Los expertos recomiendan una duración mínima para estos cursos de unos cuatro días y aunque las clases sean de unas 8 horas, lo cierto es que cuando finalizan los alumnos se ven obligados a utilizar el idioma que están aprendiendo para comunicarse.